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Martes, 14 de Marzo de 2006

Jorge Telerman asumió como Jefe de Gobierno porteño

Jorge Telerman asumió formalmente la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, durante un acto que se realizó al mediodía de ayer en la Legislatura, ante funcionarios nacionales, gobernadores y dirigentes.

Telerman ofreció un discurso donde estableció las pautas generales de su gestión y los fundamentos de la reforma del organigrama de administración a través de la Ley de Ministerios:

No es el curso de honores sino las consecuencias del dolor que me trajeron aquí, frente a ustedes, en este día. Toda generación nace signada por los pecados de sus ancestros y bendecida por sus virtudes.

Esta gestión de gobierno, lo sabemos, nace sobre las ruinas de Cromañón. Sobre los vicios y las flaquezas de un Estado y una sociedad que lo hicieron posible. Sobre el dolor infinito de los familiares y sobrevivientes. Inmersos en el eco de la voz de las víctimas que reclaman verdad, justicia y memoria. Esta gestión nace, también, como culminación de un proceso institucional arduo, límite. Que nos hizo interrogar durante todo el último año sobre las instituciones, la búsqueda de consensos, las formas de construcción política, las responsabilidades y el necesario control social.

Sería necio y no cumpliría con mi deber de gobernante si no fuera capaz de comprender las lecciones y legados de esta tragedia y este proceso. Vengo a reafirmarlo frente a todos ustedes: he comprendido el mensaje. Hemos transitado todos los años desde la recuperación democrática reconstruyendo nuestras instituciones. Para eso fue menester reafirmar una y otra vez la necesidad de la independencia de los poderes, requisito esencial de la república y del respeto por los derechos y garantías ciudadanas.

Ahora, que ya no dudamos de las virtudes de la independencia de los poderes, al punto que forman parte de nuestras prácticas políticas habituales, tal vez sea momento para ir al encuentro de las virtudes que nos depara la interdependencia de poderes. Una interdependencia de sentido, que lejos de quitar poder a cada uno o borrar sus precisas y necesarias fronteras, nos fortalezca a todos. Donde exista un diálogo fluido entre los integrantes de los tres poderes y los organismos de control de manera tal que las manifestaciones de alerta sobre problemas estructurales no sean tomadas como un ataque sino como una señal de colaboración.

VillaLugano.com

Fuente: Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires

Picadas de cuarto de milla los viernes a la noche

En el Autódromo de la Ciudad Buenos Aires, todos los viernes a la noche se reúnen jóvenes, adultos, familias, niños y mujeres para participar del espectáculo de las picadas de cuarto de milla, toda una tradición automovilística.

Consejos para celebrar el Día Internacional del Consumidor

El 15 de marzo se celebra el Día Internacional del Consumidor. El Ente Unico Regulador de los Servicios Públicos de la Ciudad de Buenos Aires se sumará a las celebraciones recolectando denuncias. Incluimos varios consejos útiles para los consumidores.

El Centro Cultural Saladiyo inscribe para sus talleres gratuitos en nueva sede

La oferta incluye Tango, Folclore, Dibujo niños, dibujo, artesanías para niños, adultos y avanzados, canto, murales, talla sobre madera, taller literario y de periodismo, seminarios sobre Historia, Economía, Política, Cine entre otros.

Cine para ver en El Progreso

En nuestro cine de barrio se proyectarán 'El Cadáver de la Novia', de Tim Burton (durante la semana y el sábado), y 'Ocho años después', de Raúl Perrone, los sábados.

Resto del discurso de Jorge Telerman en la Legislatura:

No nos sentimos atacados por los que nos marcan errores o nos advierten sobre posibles problemas: lo entendemos como el alerta del amigo que quiere colaborar en busca del bien común. Vamos a escuchar, tratar de comprender, pedir ayuda y colaboración tantas veces como sea necesario. No nos defenderemos de los que nos señalan los errores. No vamos a desoír las advertencias y alertas, provengan de quien provengan.

Tras la crisis política y económica de fines de 2001, Buenos Aires retomó, acompañando el crecimiento económico nacional, su senda histórica de progreso y desarrollo. Ello fue posible tanto por las políticas seguidas en el orden local como por el espectacular ritmo de crecimiento argentino al calor del nuevo modelo económico y social, de equidad, que nos marca un rumbo de progreso con justicia social.

Ese modelo de crecimiento, defensa a ultranza de los derechos humanos, esa búsqueda y esa necesidad de encontrar los mecanismo de redistribución del ingreso que, estoy convencido, encarna el gobierno nacional del presidente Néstor Kirchner, así como las principales líneas programáticas, progresistas y desarrollistas, del proyecto por el cual fuimos votados y electos hace dos años, con Aníbal Ibarra, serán el eje de nuestra gestión.

Quiero detenerme a destacar que la notable expansión en obras y servicios de la ciudad en estos últimos años no hubiera sido posible sin el impulso también del sector privado, particularmente, aunque no exclusivamente, en la cultura, el comercio, la construcción y el turismo. No menos importante fue la infatigable labor de la red porteña de asociaciones vecinales, tan viva y presente aquí en nuestra casa, y organizaciones gubernamentales, que nos hacen una de las ciudades más dinámicas del continente; y, por supuesto, la actitud positiva de trabajadores, productores, estudiantes, artistas, deportistas, periodistas, amas de casa, que son la Buenos Aires, progresista, educada y emprendedora, que enamora a cuantos la visitan o vienen a afincarse.

Las fuerzas de la oposición en esta casa del pueblo ayudaron también a fortalecer este tiempo de crecimiento y progreso social presentando iniciativas, votando leyes y acompañando proyectos. Hubo, asimismo, un Poder Judicial que ha sido un defensor enérgico, como todos tenemos que serlo, de la autonomía de la Ciudad fijada en su Constitución. Los organismos de control, acercándonos permanentemente propuestas y alertas también mejoran una gestión y cumplen un rol.

Pero el progreso podría y puede ser mayor, podría asumir un mayor ritmo, lograr resultados aún superiores a los ya muy importantes alcanzados. Para ello hay una condición: que a la voluntad de progresar le agreguemos un compromiso metodológico de diálogo, escucha del otro y un espíritu de mayor fraternidad democrática aún en el disenso. A eso, en serio, y solo a eso, he venido. Vengo a invitarlos a edificar en conjunto un tiempo de paz que nos conduzca a una vida ciudadana más plena. Un tiempo en donde ofrezcamos en sacrificio nuestras pasiones más egoístas, las que todos tenemos, las que hacen al cálculo político o electoral para darle más vigor aún y armonía a la pasión por Buenos Aires, que sé que todos tenemos. Darle la pasión y armonía que motiva el compromiso, a quienes nos dedicamos a la política desde hace tanto tiempo y seguiremos optando por la política, la actividad sin duda más noble.

Gracias maestro y padre Antonio Cafiero por enseñarme esos valores, sin dudas la más noble de las actitudes humanas. Todos hemos optado por eso en esta querida ciudad, ustedes, yo, nosotros, el pueblo de esta ciudad, más allá de las banderas e ideologías necesarias y particulares. Es cierto que el tiempo de paz se construye desde y con la verdad. Y que esa verdad tiene diferentes puntos de vista y valores para analizarla en cada uno de los sectores políticos. La paz no se logra silenciando las verdades: no vengo a proponerles que nos callemos sino, simplemente, que nos escuchemos. Vengo a invitarlos también a un gran acuerdo colectivo para construir la Buenos Aires del Bicentenario.

La Ciudad que encontrará el almanaque de acá a cuatro años no debe ni puede ser el efecto de la obra de un iluminado, el sueño de una élite cerrada o la matemática de tecnócratas. La Ciudad del Bicentenario debe tener la dignidad de la que fue sede y motora del primer gobierno patrio. La Ciudad del Bicentenario debe mostrar el esplendor que, al cumplir su primer siglo, la caracterizaba respecto del resto de las grandes urbes de su época. Pero también la Ciudad del Bicentenario puede y debe mostrar un sello distintivo de equidad social, democracia avanzada y calidad de vida que la hagan el modelo de sociedad moderna, pujante y socialmente integrada que todos los argentinos deseamos como utopía realizable para toda nuestra querida Patria.

Ese sueño de Bicentenario sólo puede edificarse de un modo separando lo esencial de lo secundario, y acordando entre todos -política y sociedad, oficialismo y oposición- las metas y caminos para alcanzar eso esencial en que todos estamos de acuerdo –lo que tantas veces se ha llamado políticas de Estado.

Para lo otro, para lo contingente o los asuntos secundarios, o aquellos sobre los que definitivamente y afortunadamente tengamos diferencias de fondo, deberemos acordar, y ojalá que lo logremos, un método de diálogo a través del cual procesemos democrática y pacíficamente nuestros disensos. ¿Seremos capaces, me pregunto, de construir una sociedad donde cada uno de nosotros ceda algo a fin de que todos ganemos mucho?

Permitámonos ese sueño colectivo. Una Buenos Aires del Bicentenario que gane en autonomía, donde unamos no gritos de reclamo sino voces de propuestas maduras y responsables en diálogo fecundo y responsable con el Gobierno Nacional, el Congreso Nacional y el resto de las provincias, muy particularmente la provincia de Buenos Aires, que mi gran amigo y compañero de militancia Felipe Solá está aquí, con quien tantas cosas queremos hacer juntos.

Buenos Aires y su área metropolitana tienen que encontrar respuestas conjuntas a sus problemas, no es verdad por más que exista esa frontera entre la provincia y la ciudad. Son las mismas personas que están aquí y allá y tienen los mismos problemas que todos tenemos y la resolución de esos problemas se piensa en conjunto y así lo haremos Provincia, Ciudad y Nación. Tenemos que hacernos fuertes en las virtudes y crecer en la colaboración y el intercambio.

No hay brillo ni progreso sustentable para nuestra ciudad si no es el espejo del crecimiento y el desarrollo del país todo y, fundamentalmente, desde la región metropolitana y el conurbano bonaerense. Una Buenos Aires que, ganando en autonomía, empiece a conducir su sistema de seguridad y lo haga con eficacia, con exitosas políticas de prevención y con un respeto a rajatabla de los derechos humanos. 8 Deseamos y buscamos una Buenos Aires que gane en calidad de vida. Hay un deber básico del gobernante, y este es mejorar la vida de los pueblos. Los porteños podemos y debemos vivir mejor, disfrutar más de esta ciudad maravillosa y de sus posibilidades.

Tenemos que recuperar la armonía de la ciudad, el deleite, el goce de pasear por sus lugares, de trabajar, estudiar, crear en un ambiente de serenidad. De una ciudad donde tengamos más tiempo para nuestra familia y nuestros amigos, porque podremos recorrerla de punta a punta gracias a la nueva red de subtes, el soterramiento de ferrocarriles anunciado hace pocos días, la autopista ribereña, un tren de la costa, nuevos transportes públicos alternativos y la eliminación del más de un centenar de pasos a nivel ferroviarios contra cuyas barreras físicas nos topamos decenas de veces al día. Donde recuperemos nuestra amistad con el río, nuestro cariño, nuestra pertenencia al río, con toda el área portuaria como parte viva de la ciudad. Donde nos revinculemos, animales urbanos como somos, con la naturaleza, a partir de una decidida ampliación del espacio público, con áreas verdes donde lamentablemente todavía rige la ley del abandono o la invasión, y con una red hidráulica que nos haga olvidar definitivamente el temor a las inundaciones.

Tenemos que recuperar el espacio público porque es parte esencial de una vida más digna, más equitativa, más sencilla, pero también porque es el lugar de encuentro, el que nos convierte en vecinos y ciudadanos, en parte de un todo social que tiene una historia y un destino común Es en la vereda, en las plazas, en los parques, en las fuentes y en el río, donde el Estado se encuentra con el hombre y la mujer, con los niños, donde se desarrolla el sentido de la vida comunitaria, donde debe crecer el sentido de responsabilidad colectiva, de solidaridad y de preservación del bien común. Debemos recuperar el sentido de propiedad de lo público para entender que es una responsabilidad compartida entre el Estado y los ciudadanos su preservación y mejoramiento. El Estado debe invertir los recursos necesarios y dinamizar la gestión para garantizar el cuidado y el mantenimiento de los espacios públicos. Tenemos que hacerlo porque es bueno, porque es deseable, porque es nuestra obligación y, sobre todo, porque es posible. Porque hay estudios y proyectos racionales que demuestran que la supuesta utopía no lo es tanto y que depende más de la acción y la voluntad y cierta dosis de osadía que de otra cosa.

La ciudad que queremos, sin duda está mucho más cerca que lo que a veces se imagina. Y el ciudadano debe ser corresponsable en su cuidado y mantenimiento. Somos nosotros, el pueblo de la ciudad de Buenos Aires, el Estado y la sociedad civil, todos y cada uno de los porteños, los verdaderos dueños de esta ciudad. Y eso acarrea derechos que debemos exigir y disfrutar, pero también responsabilidades. Cada derecho, lleva en sí mismo un deber. En una sociedad civilizada y democrática el cumplimiento cabal de nuestros deberes es la garantía de los derechos del otro. Tenemos que hacer carne que somos un todo, y que cada pliegue que con nuestras acciones provoquemos en la vida comunitaria afecta a otros, a uno o a muchos.

Una sociedad armónica es aquella en donde los ciudadanos disfrutan de sus derechos y cumplen responsablemente con sus deberes. No sólo la ausencia de derechos nos deja desolados y a la intemperie: también el incumplimiento de los deberes va desangrando nuestra civilidad. Queremos una Buenos Aires que se acerque al Bicentenario ganando en calidad institucional. Con una política ejemplar y transparente, donde los jóvenes vuelvan a volcarse masivamente al compromiso público, donde nuevos actores se incorporen con sus ideas y sus voluntades y donde no encuentren lugar ni la corrupción, ni la mentira ni la inescrupulosidad. Donde el Estado se reforme organizándose según las necesidades de la gente y no de los dirigentes, tenga acceso y ascenso por concursos transparentes y las funciones ejecutivas estables del Estado, comenzando por las áreas de control, que no sean un botín político sino el asiento de los mejores y más honestos profesionales. Vamos a buscar los mecanismos para que todas las fuerzas políticas, gobierno y oposición, nos comprometamos a seleccionar en conjunto a los mejores, a los más idóneos, técnica y profesionalmente, para que ejerzan las tareas de control.

No queremos en la Ciudad de Buenos Aires, no necesitamos un solo agente del Estado que dé prioridad a la lealtad al jefe de gobierno antes que la lealtad a sus ciudadanos. Necesitamos construir una ciudad donde modifiquemos las instituciones de representación, para que haya más cercanía entre votantes y mandatarios, donde las cuentas de los partidos y el financiamiento de la política sean claras y públicas, donde se rinda cuenta periódicamente, y donde la sociedad pueda participar no sólo eligiendo representantes sino con opinión en consultas colectivas sobre diversos temas de relevancia comunitaria gracias a las oportunidades que nos brinda el voto electrónico Una ciberciudad, una ciudad interconectada que sea punta en América latina en accesibilidad popular, masiva y libre a internet y en servicios en red a los ciudadanos, así como en el uso de esas nuevas tecnologías para la redistribución de la riqueza en términos educativos y culturales. Donde seamos orgullosos habitantes de comunas, con servicios y controles eficaces y dotados de vigorosas áreas educativas, hospitalarias, comerciales y de esparcimiento, y aparatos administrativos ágiles, creativos y cercanos al vecino.

Comprometámonos en serio a avanzar cuanto antes para que las comunas sean una realidad en la ciudad de Buenos Aires. Vamos a trabajar para que todos los habitantes de la ciudad de Buenos Aires puedan ejercer en plenitud su ciudadanía. Ciudadanía que no se compone sólo de sus deberes y derechos cívicos, sino también políticos, económicos, culturales y sociales. La pobreza y la exclusión social no son un problema de dignidad para algunos sino para todos. Pero no de la dignidad de los que están sumergidos en ella, sino de dignidad de toda nuestra sociedad. Si hay un tres por ciento de excluidos en la Ciudad de Buenos Aires, es un escándalo moral para los no excluidos. Cada pobre en la ciudad, cada niño en la calle, nos hace indignos y nos avergüenza.

Una sociedad no puede vivir, crear, trabajar, educarse, hacer negocios o desarrollarse en medio de semejante escándalo moral. Es por eso que estamos comprometidos en la implementación de políticas universales que garanticen el ingreso, la salud y la educación de todos los porteños. Por eso también, el Estado no litigará nunca más frente al ciudadano que le reclama un derecho que le está siendo negado. No queremos formar parte de un Estado que se defienda de los ciudadanos, sino que defienda a los ciudadanos. El Estado tiene que estar antes promoviendo, poniendo en evidencia, señalando la carencia. Alguien que muchos de nosotros amamos decía que donde hay una necesidad hay un derecho.

El gobierno sólo litigará contra los grupos de intereses que impiden que los derechos constitucionales, económicos y sociales se cumplan cabalmente y que esta ciudad pueda exhibirse orgullosamente como justa y equitativa, justa, libre y soberana. Donde la desnutrición y la indigencia sean parte del pasado. Donde el acceso a la vivienda para los sectores populares y la clase media sean parte de políticas estables y previsibles, sin colores políticos que las destiñan. Donde la clase media, columna vertebral de nuestra ciudad, sepa que su gobierno es motor y no una valla para su ascenso social. Donde los comerciantes, los productores, los inversores, los artistas, los creadotres se sumen al crecimiento con equidad y compromiso. Donde los jóvenes estudien y trabajen, y se diviertan, y sueñen sus sueños en libertad.

Donde los derechos humanos rijan siempre y en todo lugar. Donde todos nuestros niños puedan ir a escuelas públicas de gestión estatal de doble escolaridad, con segunda lengua y secundarios con salida laboral. Donde haya acceso a internet y las nuevas tecnologías de la información como parte integrante de toda la estrategia pedagógica. Donde se escuche a los padres, sonde los padres participen y las instituciones de la comunidad estén alrededor de cada escuela. Donde funcione a pleno un sistema público educativo y plural, garantizando la libertad de enseñanza. Donde Buenos Aires multiplique su orgullo por su sistema de salud, que lo tiene, a partir de una constante actualización de sus equipamientos y la jerarquización de sus profesionales, así como de políticas preventivas de punta en la materia y una cooperación efectiva entre el subsistema público y los subsistemas de prepagas, obras sociales y particularmente el PAMI.

Donde se terminen las barreras arquitectónicas, laborales y culturales para todas las personas con necesidades especiales y se construya la igualdad a partir del pleno y cabal respeto al diferente. Una ciudad donde la cultura sea un bien de producción colectiva que se exporte y se redistribuya en la sociedad sin distinción de geografías, desde Lugano y la 1-11-14 hasta Recoleta, ni condiciones sociales o económicas. Donde los artistas reciban el apoyo que necesitan para poder ejercer a pleno su libertad de creación, donde el Teatro Colón, el San Martín y todo el sistema de museos, monumentos y salas de espectáculos públicas y privadas le den a Buenos Aires ese brillo tan distintivo de ciudad –arte que siempre la caracterizó y nos enorgullece.

Una ciudad que también construya su justicia social a partir del crecimiento sostenido de su economía, con creciente convocatoria a turistas, nuevas inversiones productivas y nuevas oportunidades para emprendedores pequeños y medianos, cooperativas y profesionales y trabajadores independientes. Lo se porque lo hemos hablado tantas veces con los que hoy están aquí ya hacen a la vida pública y privada de la ciudad: ¿No son acaso, la mayoría de estos objetivos, objeto de consensos posibles y deseables en nuestra Ciudad? ¿Estamos dispuestos a exteriorizarlos, firmarlos, ejecutarlos en común, mientras debatimos sobre todos los otros temas en los que no tenemos acuerdo? ¿Seremos capaces de llegar al Bicentenario construyendo una sociedad y una política un poco mejor que la que en promedio vivimos en los últimos cien años? No tengo ninguna duda que sí. Lo sé. Porque los conozco.

Porque los conozco a ustedes, porque conozco y amo esta ciudad. Porque nací y me crié en esta ciudad, porque amo aún los potreros de la canchita Irigoyen donde me ponían de arquero y a pesar de eso perdíamos sistemáticamente. Porque la amo y recuerdo los olores reminiscentes del mercado abierto de frutas y verduras de la calle Aranguren, porque amo y recuerdo mi cabalat shabat en Hebraica en mi juventud, porque amo y recuerdo la avenida Corrientes permanentemente caminada, discutida, soñando en los ´70 con muchos de los que están aquí la transformación de la sociedad en la 15 que seguimos empeñados. Las entradas al bar La Paz, donde yo como otros caímos seducidos por la belleza y la alegría de mi amiga Dagmar Hagelin.

Por esa ciudad de la que muchos tuvimos que irnos agobiados y abatidos durante la dictadura, por esa ciudad que sigue encantando con el pasaje Bollini, por esa ciudad con la elegancia de las escalinatas que bajan de la calle Galileo, por esa ciudad en la que nos encontramos en la feria de Mataderos, por esa ciudad donde tiene barrios que amo, como La Boca, donde nació quien amo, por esa ciudad que todos amamos, que nos hace disfrutar.

Porque la conocemos y amamos, y fuimos a sus escuelas públicas, porque la queremos seguir transformando nos duele y no nos puede dejar de doler que en esa ciudad glamorosa, bella y pujante haya aún tantos hermanos y hermanas que no viven en condiciones dignas. Y eso lo sé, no porque me lo cuenten, sino porque recorro esta ciudad, la camino, veo chicos pidiendo limosna, veo gente viviendo a la intemperie, y para mí, como para ustedes, es un escándalo que debe terminar. Porque amamos esta ciudad, parafraseando a alguien que yo y muchos admiramos tanto, porque la amamos tenemos que saber que esta ciudad aún no ha sido amada lo suficiente.

Cuando esos chicos estén en el lugar que tienen que estar, esas familias en sus casas, ahí el amor se hará obra. Porque amo esta ciudad que empecé a descubrir en Villa del Parque, y Floresta. Cuando era “el ruso”. Cuando iba a la escuela República del Perú y mis maestros me enseñaron lo que sería el eje de mi vida: en mis últimos cuarenta años no siento haber cambiado tanto respecto a aquella ética de la autonomía del pensar y valorar que supieron infundirme. 16 Amo esta ciudad de la que nunca más nadie deberá irse. Amo esta ciudad y espero que Dios me ilumine, y los hombres y mujeres y mis colaboradores y todos me acompañen para que le devolvamos el amor que sigue necesitando y yo en lo personal haga posible que Catalina y Federico nunca tengan que decir su apellido bajando la vista.

Quiero decirles que les agradezco, que los necesito, que confío en ustedes. Como agradezco a los trabajadores del Estado, tantas veces mal reconocidos, tan injustamente vilipendiados, porque cada día hacen que esta ciudad funcione, que encienden las luces y los motores, que salvan vidas, que están allí, todos y cada uno de los días, cumpliendo infinitas tareas que ya forman parte de nuestro habitual pero complejo paisaje y son, quizás por eso mismo, olvidadas. Esta ciudad colapsaría inmediatamente si por unas horas nuestros trabajadores del Estado de la ciudad de Buenos Aires olvidaran sus obligaciones. Como agradezco también a mis compañeros aquí en la Legislatura, de quienes tanto aprendí y seguiré aprendiendo. También tantas veces castigados por una opinión pública que no conoce toda la realidad, la del trabajo responsable, de la apasionada discusión de ideas que ustedes realizan permanentemente y de la que surgen las normar y las leyes que regulan y hacen posible nuestra vida en comunidad. Y las hacen con auténtica vocación de servicio y de compromiso.

Tengo fe, tengo esperanza, y pido a Dios que nos ilumine y a todos y todas las mujeres y hombres de este pueblo que nos ayuden y nos acompañen. Dije al principio, y repito, que somos conscientes que hemos llegado a este punto y este día como consecuencia de la tragedia de Cromañón, y no lo olvidamos. Lo recordaremos siempre, todos los días y cada 30 de diciembre 17 será un día de luto para todas nuestras vidas. Y esa melancolía teñirá cada día de nuestra gestión como no puede ser de otra manera.

Somos parte de un Estado, una ciudad y una sociedad moderna, culta y cosmopolita, orgullosa de sus saberes y sus lugares, que una noche de verano del 2004 sepultó atónita 194 vidas. Buscaremos comprender las lecciones profundas de la tragedia de Cromañón y transformarlas en memoria y en acción. No para buscar culpables, que es deber de la justicia. Tampoco con el único afán de buscar responsables, que se irán dirimiendo en el libre juego de las instituciones y las valoraciones sociales.

Necesitamos comprender las razones por las que fue posible, desentrañar el entramado que lo precipitó porque sólo entonces, cuando lo hayamos entendido y modificado cabalmente, cuando estemos seguros que nunca más nos sorprenderá una tragedia semejante, solo entonces habremos transformado esos escombros en nuestros cimientos.

El Bicentenario nos encontrará otra vez juntos en nuestra Plaza de Mayo donde se dio el primer grito de libertad. Una Plaza que cobijó luchas sociales y movimientos libertarios. Una Plaza que a partir de la masacre de 1955 albergó también llanto, luto y reclamos de verdad y justicia. Es la Plaza de los 30.000 desaparecidos, de nuestros hermanos desaparecidos. Es la Plaza de los muertos del 20 de diciembre. Y es la plaza, también, de los chicos de Cromañón. 18 Por todos ellos, porque un muerto siempre es nuestro muerto, a quienes les ruego, les imploro donde esté, que vigilen atentamente mi gestión, les pido ahora un gran y cálido minuto de aplausos.

 
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