Inseguridad. Psicología de una sociedad abrumada.
Inseguridad
Buenos Aires, Domingo 13 de Marzo de 2005
Fuente: Dirección General de Niñez y Adolescencia del GCBA
Autor: Eduardo Urueña

 

Psicología de una sociedad abrumada

Una sociedad atemorizada, confundida por el miedo, esta predispuesta a creer en soluciones ideales, lógicamente construidas con premisas falsas, erróneas e irreales.

Hipótesis

Pareciera ser que el miedo a sufrir “pérdidas individuales” por robos, asaltos, secuestros, colectivamente nos lleva a sentir y a actuar en “estado de pérdida”. Este estado y sus sensaciones no nos brindan claridad sobre la realidad en la que estamos inmersos. Tampoco nos da pistas sobre los mecanismos psicológicos, individuales y colectivos que intervienen para sentirnos en esta situación, la cual se expresa en una sensación de inseguridad abrumadora y desde allí nos compele a la acción, o en su defecto, a sucumbir en la angustia.

Una sociedad con miedo, insegura, presta a accionar, dispone como necesario mecanismo defensivo (retaliativo no reparador) un horizonte de rechazo, de marginación, de degradación, un destino de “desecho” sobre los aspectos “visibles” o los supuestos responsables de nuestras privaciones padecidas o temidas, que se expresa como una sociedad que ha decidido eludir sus miserias y ocultar a sus miserables. Es decir, a un fenómeno histórico - social le disponemos una solución imaginaria nutrida con las “energías” más primitivas e individualistas de nuestro “ser”.

Así mismo creemos que estos mecanismos no son activados por una libre introspección ni por una reflexiva observación de la fenomenología delincuencial de nuestra sociedad, sino, son la resultante de una compleja trama intrapsíquica donde la manipulación propagandista de los medios masivos, cumple un gran papel. Cabe aclarar, que la misma se basa en una sustentable ola de delitos que padece la clase media, y que los medios de comunicación masivos exponen a la opinión publica en forma superficial y maniquea.

Es así, como una sociedad atemorizada, confundida por el miedo, esta predispuesta a creer en soluciones ideales, lógicamente construidas con premisas falsas, erróneas e irreales. Con conceptualizaciones de “Hombre” y de “Sociedad” idealizadas y estáticas, con incorrectas o nulas caracterizaciones de las variables históricas/económicas que inciden en el fenómeno de la violencia y la inseguridad, con propuestas teñidas de pasiones e irracionalidades, “intentando ocultar la ferocidad en medio de la civilización” diría Baudelaire.

Sobre delitos y delincuentes

Según la información que brinda el Ministerio de Justicia, Seguridad y DDHH de la Nación, a través del informe anual del Sistema Nacional de Información Criminal, en el año 2003 en la provincia de Buenos Aires se registraron 328.027 hechos delictivos, donde 219.837 de los mismos fueron contra la propiedad privada. Así mismo los delitos contra las personas (eximiendo a los accidentes de tránsito) registrados ascienden a 42.056, es decir el 79 % de los hechos delictivos se desarrollan en la esfera de lo social. Esto es claro si observamos que el robo y la tentativa ascienden al 55% y el hurto y la tentativa de hurto contienen el 34% de los delitos en la provincia de Buenos Aires.

Tomando los datos arrojados por el SNEEP del año 2002 en la provincia de Buenos Aires, en las unidades penales se alojaron a 16.831 reclusos, donde 3.653 son condenados, 12.850 procesados y 328 inimputables, menores de 18 años, y personalidades atípicas no discriminados. En estas cárceles de la provincia encontramos que el 36 % de los internos tienen entre 18 y 24 años, y el 40% de tienen entre 25 y 34 años. Es decir, el 76 % de la población carcelaria tiene entre 18 y 34 años, como lo muestran las estadísticas anteriores, la mayor cantidad de los encarcelados se encuentran en esta situación por delito contra la propiedad privada y la integridad física de las personas.

Respecto de los niños y adolescentes internados no disponemos de datos exactos porque los mismos se encuentran computados conjuntamente con las subjetividades atípicas (inimputables) los cuales ascienden a 328 reclusos es decir 1,8% de los mismos.

De esta realidad numérica...

Analizando esta realidad estadística y tomando diferentes referencias de los estudiosos de estas temáticas se desprende que, sin entrar en patéticos detalles, las condiciones de encierro de la población carcelaria, están signada por el hacinamiento y que a pesar de los esfuerzos en la reformulación y las reestructuraciones emprendidas en esta institución, la ideología dominante en el sistema penal conlleva la desvalorización de la persona del reo, como impronta.

La corrupción imperante en los diferentes estamentos del sistema penitenciario, conforma un escenario de indignidad, el que se traduce en los vínculos entre los presos, sus familiares y las condiciones de vida cotidiana de los mismos.
En definitiva, las cárceles están planteadas como uno de los mecanismos de exclusión social donde se retro-alimenta la ignorancia y se degrada aún más la vida humana, alejadas de todo planteo de reeducación y de reinserción social. A esta situación se le suma las dificultades y las características del sistema judicial, así como las propias de las diferentes policías y servicios de seguridad que están involucradas en la prevención y la represión del delito.

Cuando profundizamos en el análisis y nos interrogamos, sobre el origen social, el desarrollo y las condiciones de realización de la vida cotidiana de los hombres y mujeres que hoy conforman la población carcelaria, es decir, de la historia particular de cada uno de ellos. Encontramos que la gran mayoría se ha criado en familias desmembradas, con ausencias significativas de roles parentales fundamentales. En conglomerados urbanos sumidos en la miseria y la marginación donde se ha resignado o se ha perdido el sentido y el significado de una vida digna. En su lugar se han codeado con las carencias materiales y de las otras, a distancia de un Estado presente y facilitador de educación, salud y justicia, así como de instancias recreativas, deportivas y sociales, desde donde se integre y se difundan valores, que a posteriori, aporten a la conformación de definidos sistemas de relaciones entre los miembros de una misma familia, los integrantes de la comunidad y las instituciones sociales. En algunos casos estas carencias se han presentado por generaciones. Intentando evitar la linealidad y los reduccionismos, vemos en la descomposición política económica y social del país de los últimos 28 años, uno de los condicionantes del empobrecimiento y la sumersión social de numerosas familias de las cuales son oriundos estos hombres y mujeres.

La incidencia de la pobreza y la indigencia en el Gran Buenos Aires en el 2003 medidos por el INDEC, nos revela que aproximadamente el 37% de los hogares encuentran bajo la línea de pobreza, y el 15 % de los hogares bajo la línea de indigencia, lo que nos estaría indicando que el 48% de las personas de Buenos Aires son pobres y el 19% indigentes. Familias que nosotros definimos como las resultantes del orden socio - histórico, ya que estas dimensiones las instauran y las determinan. Una estructura que es el escenario donde emerge y se constituye el humano, donde se instituyen las coordenadas “intra” de la alineación primordial y la posterior separación subjetivante.

Esta “familia” definida como la matriz de una dialéctica productora, donde se concretizan procesos particulares e inéditos es compleja y contradictoria, no obstante es posibilitadora de organización y significación de experiencia para el ser. Posee infraestructura biológica y simbólica. Es el ámbito, la escena donde cobra “encarnadura” y se personifican las emociones, los afectos, los conceptos, los esquemas de acción, los sistemas de representaciones con reguladores propios, la capacidad de síntesis y de condensación del pensamiento.

La familia expuesta como unidad de diversidad, es el escenario inmediato de nuestras primeras experiencias que a esa altura son fundantes de modos y modelos, y es el instrumento de nuestra constitución como sujetos, en “transito”, desde la simbiosis con el otro a la individuación, desde la dependencia absoluta a la autonomía, en tanto contenido continente.

En definitiva es la instancia sostén, la red adecuada para brindar la apoyatura al ser que en el inicio se manifiesta como de necesidad. Un ser que se constituye, según el modelo y la necesidad del otro, a saber, el sujeto se construye sobre el modelo del otro, un otro, que también se muestra como objeto, rival o ayudante.

En síntesis, el vínculo, la instancia que sostiene y el mecanismo de la identificación se muestra como los elementos irreductibles que están en juego desde el inicio, en la familia y la producción de subjetividad.

Lo que también queda claro es que, algunos hombres y mujeres de la población carcelaria han adoptado esquemas de supervivencias coyunturales, donde una cierta insensibilidad perturbadora, los lleva a no medir riesgos y por ende a no valorar la vida propia ni la de nadie.
La pregunta que cabe a esta altura del desarrollo es: ¿Acaso el endurecimiento de las penas, la baja de la edad de inimputabilidad de 18 años a 16, la construcción de mas cárceles e institutos y la disposición en la sociedad de un numeroso ejército de policías, es la solución al problema de la violencia, el delito y la inseguridad que padecemos? No será que este esquema de solución nos lleva a un desarrollo exponencial de los métodos de exclusión, el que carga con el odio y el resentimiento del excluido.

Tal vez con políticas activas y universales en el orden de lo laboral, lo social, lo sanitario lo educativo, con una justicia ágil y adecuada a nuestros patrones culturales, abarcativa a todos los habitantes de este país. Es decir con disponer el “estado” al alcance de los conglomerados urbanos de donde el estado se ha retirado hace tiempo. Tal vez incidiendo en las aristas originarias de estos hombres y mujeres, este drama cotidiano que llamamos violencia, delincuencia o inseguridad tendrá un horizonte de solución real.

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