Agro, emisiones y cambio climático. Oportunidades para la Argentina.
Documentos
Buenos Aires, Lunes 10 de Enero de 2005
Fuente: Suplemento Rural del Diario Clarin del 09-01-2005

 

Agro, emisiones y cambio climático

Oportunidades para la Argentina

Héctor A. Huergo.
hhuergo@clarin.com

La agricultura argentina esta frente a una extraordinaria oportunidad. Acaba de celebrarse en Buenos Aires la Décima Conferencia de las Partes sobre Cambio Climático (COP 10). Allí se consolidó la idea de que el mundo necesita avanzar decisivamente en la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, tal como se establece en el protocolo de Kyoto. Que, por su parte, comienza a tener vigencia como ley mundial a partir de que ya son mayoría los países que lo suscribieron.

¿Dónde está la oportunidad?

Primero, en que la nueva agricultura argentina tiene atributos que le permiten mostrar su bajísimo nivel de emisiones de dióxido de carbono en comparación con los países desarrollados.

La explicación es el avance incontenible de la siembra directa, que no sólo ahorra el 70% de la energía necesaria para producir una tonelada de granos, sino que además permite el "secuestro" de carbono, aumentando continua y sensiblemente el tenor de materia orgánica de los suelos. Más materia orgánica en los suelos significa menos CO2 en el aire.

El interés europeo por la siembra directa, puesto de manifiesto en las presentaciones que hizo la gente de AAPRESID en España y las continuas visitas de técnicos y productores de todo el mundo a estas pampas, remarca el valor conceptual de la contribución de la agricultura argentina a la mejora del medio ambiente global.

Nadie en el mundo hace tanto por el cambio climático como la cadena agroindustrial argentina. Escala, modernidad tecnológica, eficiencia en todos los eslabones. No sólo en la producción, con siembra directa, herbicidas e insecticidas de baja residualidad, cosechadoras ultra eficientes, sino en la industrialización, donde se aprovechan los residuos (cáscara) para sustituir la quema de combustibles fósiles en el proceso de crushing.

Recordemos por ejemplo el caso de AGD, que gambeteó la crisis energética sin usar un solo litro de fuel oil en el 2004, quemando en su gigantesca caldera miles de toneladas de cáscara de maní, girasol y soja, y reciclando el residuo sólido como fertilizante.

Todo esto combina inteligencia con productividad y ecología. Santiago Lorenzatti, que desde su posición como director técnico de Aapresid colabora continuamente con Clarín Rural, está trabajando en un modelo de certificación de la agricultura argentina, para convertir estos atributos en un valor mensurable.

Ya existe a nivel mundial un certificado para el negocio forestal, un sello de calidad relacionado con el manejo sustentable del bosque natural o implantado.

En el congreso mundial de IAMA, en Montreux, Suiza, compañías como Nestlé mostraron sus propias iniciativas para premiar la producción sustentable de leche.

Son todavía bastante rudimentarias, porque se basan en tambos europeos de dudosa eficiencia productiva y ambiental, pero con un par de parches le pegan la etiqueta "sustentable"...

Nosotros estamos para otra cosa, incluso en ganadería. Una de las cuestiones que se atribuye a los rumiantes, los vacunos en especial, es su alto nivel de emisiones de metano.

El metano es otro de los gases del efecto invernadero, que además destruye la capa de ozono.

La ganadería argentina tradicional, basada en el pastoreo de praderas naturales y cultivadas, producía mucho metano por kilo de carne entregado.

Pero la intensificación de los sistemas —motorizada por la necesidad de liberar campo para la expansión de la agricultura— permite terminar el engorde en menos tiempo, lo que significa reducir emisiones.

La irrupción del feedlot aceleró esta tendencia: un animal encerrado consume menos energía, engorda más rápido y además rumia menos, con lo que se reduce sustancialmente la emisión de metano.

Miremos un poco más allá. El mandato de la COP10 es activar la transición hacia fuentes alternativas de combustibles. Aquí entra la segunda gran oportunidad, que es el desarrollo de los biocombustibles.

La Argentina puede sumar mucho en esta materia, aunque llegando tarde respecto a Brasil y los Estados Unidos, donde el etanol está en pleno auge y ahora avanzan con el biodiesel.

En este camino, hay combinaciones sumamente elegantes y probadas. Por ejemplo, la implementación masiva del etanol permitiría contar con buenos volúmenes de "grain distillers", un coproducto que se utiliza para la alimentación del ganado.

El desarrollo del etanol en los EE.UU. ha provisto de enormes cantidades de grain distillers a la industria feedlotera del mayor productor de carne del mundo.

Una múltiple contribución al tema del cambio climático: pasar a más kilos de maíz por hectárea gracias a la biotecnología, que permite combatir plagas como la diatraea.

Menos milímetros de agua necesarios para producir una tonelada de maíz, por la mayor eficiencia en la utilización de los nutrientes y la captación de la energía solar y el CO2 del aire, alimento esencial de las plantas.

Ese maíz elaborado para biocombustible (cada unidad de energía aplicada entrega 8 unidades de energía disponible para mover un auto), para el mercado interno y el mercado internacional.

Y el coproducto (grain distillers) para engordar un novillo que así consume menos y genera menos metano.

El otro coproducto es el CO2, que no va a la atmósfera sino que se captura y vuelca a la industria frigorífica como gas refrigerante, cerrando el círculo virtuoso de la nueva ecología posible. Que no reacciona frente a los avances tecnológicos, sino que los pone al servicio del progreso ambiental.

Lo mismo pasa con la cadena oleaginosa. Se combina la producción del alimento más moderno y dinámico de la humanidad, como es la proteína de soja, con la alternativa del biodiesel. Alimentos y energía, con escala, bajas emisiones, con captura de carbono, con alta productividad. Es lo que quiere el mundo, y aquí sabemos como hacerlo.

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